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Testimonios sobre el uso de bancos de tiempo

(recogido en la Voz de Galicia el 14 de enero de 2008)

Pachi   descubrió la existencia del Banco do Tempo de la Federación Veciñal de Vigo a través de una amiga, y la curiosidad pudo con cualquier otro recelo. Allí se encontró con un «montón de gente de diferentes extractos sociales, y con formaciones diversas, que querían aportar algo a los demás de una forma desinteresada, desde el punto de vista económico».

 

Pachi  ofrece su tiempo a aquellas personas que quieren aprender a cocinar: «Les enseño una cocina elemental, que además les sirva para quedar bien si tienen que invitar a alguien. Doy clases de cocina y pido que me enseñen a pescar con caña». «Es una cosa que me encanta, y que nunca encontraré en una academia»

 

«Yo tengo mucho tiempo libre porque no trabajo», reconoce Sira, otra viguesa que empezó hace dos meses a participar en las actividades del Banco do Tempo. «Mi caso es un tanto especial, porque yo reclamo tener gente con la que pueda estar y compartir mi tiempo libre para realizar actividades que no haría en solitario», afirma Sira, quien reconoce que las expectativas que se había planteado en un principio ya se están cumpliendo, «y eso que solo he venido en dos ocasiones».

Como en otros casos, esta mujer tuvo conocimiento de esta actividad a través de personas ya relacionadas con el proyecto. «Una vez al mes nos reunimos para conocernos más, y es ahí donde encuentras personas afines a ti, que puede ofrecer un poco de su tiempo, y tú a ellos», señala. Junto a la soledad, Sira añade otros dos elementos como motivaciones principales para adentrarse en los bancos del tiempo: «La incapacidad física y la generosidad».

 

(Recogido en 20minutos el 19 de septiembre de 2007)

Carmen tiene 70 años y seis hijos. Es ama de casa y, además de intercambiar tiempo, también es voluntaria en el Concello.

Un día, leyendo el periódico en el Club de Jubilados, leí el anuncio y me apeteció anotarme. Voy para hacer bien a los demás, no por recibir. Lo que pasa que aquí todo el que da, tiene que estar dispuesto a recibir. Me dan clases de dibujo. Acabo de empezar las clases, pero de niña decían que dibujaba bien. También me ayuda a conocer gente, por ejemplo una chica que cocina muy bien y es muy maja. Desde que falleció mi marido tengo un vacío muy grande y estar distraída me ayuda.

(Recogido en la voz de Galicia  miércoles 19 de septiembre de 2007)

Carmen: “estaba deseando algo así, estoy emocionada, ahora podré trasladar a personas mayores para que charlen con la gente de su edad, porque aunque estén acompañadas de sus hijos, necesitan tiempo para ellos” “esto tiene que ir para adelante, porque son pequeñas cosas que no le hacen la competencia a nadie, ni quitan trabajo, sino que ayudan a tener una vida mejor; todo son ventajas y  ningún inconveniente”.

(Recogido en Faro de Vigo el miércoles 17 de octubre de 2007)

Enrique: “me apunté por que soy prejubilado y tengo tiempo para ofrecer. Hay mucha gente que necesita ayuda y no tiene a nadie. Por ahora he ofrecido labores de jardinería, pero también podría ser electricista e incluso fontanero”

Xulio: piensa en incorporar un servicio de asesoramiento a estudiante: “hay algunos que los veo muy perdidos; no saben si continuar la carrera o cambiar. Y luego están los que terminan el bachillerato y no saben que hacer. Los padres les dicen que hagan lo que les gusta, pero a veces eso no lo saben ni ellos. Creo que podría ofrecer un servicio para asesorarles”.

Hermes: “me abrió las puertas de su casa como si fuera vecino suyo de toda la vida. No me supone ningún esfuerzo porque  es lo que hago día a día y al mismo tiempo estoy realizando un servicio social del que me siento muy satisfecho y orgulloso.

Elvira: “lo vi en el periódico y no me lo pensé ni un segundo, allá fui. Me gusta mucho esta iniciativa. En mi caso, enseño a dibujar y a mi me sirve para adquirir experiencia impartiendo clase”.  Confiesa que es reacia a pedir favores y me le gusta ofrecer. Así todo, por su cabeza ya pasa la posibilidad de solicitar ayuda de bricolaje para arreglar el bajo de su casa donde, precisamente, imparte las clases de dibujo a sus alumnas veteranas.

(Recogido en Atlántico diario el domingo 3 de febrero de 2008)

José: “me acabo de jubilar y en casa el tiempo se me echa encima.” José esta cursando la ESO, no sin ciertas dificultades.”empecé a trabajar a los trece años y me es difícil volver a coger los libros. Necesito un poco de ayuda con las materias, sobre todo con las matemáticas.”

Rosi: “he acompañado a gente mayor de compras, he hecho algunos trabajos de peluquería y maquillaje y leído cuentos a niños que esta enfermos”. A cambio, “me subieron los bajos del pantalón y me han dado unos masajes, tipo reflexología”. Admite que los intercambios se fraguan en las reuniones “en las que surgen las cosas”.

Mari luz: “hecho de menos amistades que se van perdiendo. Un 90% de la motivación puede ser soledad” admite, al tiempo que se muestra relajada con “la falta de rigidez” del banco: “no urge, nos enrollamos, sin prisa”.

 
< Ant.   Seg. >

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